¿ESTO ES UNA TIENDA O UN PARLAMENTO, SOY CANDIDATO PORQUE ES MI TURNO O SOY CANDIDATO PORQUE TENGO ACUERDOS?

Decía Hannibal Lecter, en el Silencio de los Corderos, que para entender y comprender los sucesos había que remitirse a los principios básicos, al origen de las cosas.

Voy a intentar hacer memoria para poder entender la situación actual, que otra cosa podría haberse hecho y que se debería hacer tras las próximas elecciones, si llega el caso.

Después de los resultados del 20D, era cristalino que para poder ser investido Presidente y formar Gobierno, no quedaba más remedio que llegar a acuerdos políticos. Por las declaraciones y posicionamientos de las diferentes fuerzas políticas pareció evidente que: 1º El PSOE y el resto de fuerzas políticas, excepto Ciudadanos, no apoyarían un gobierno del PP; 2º Todos coincidían en que el primer turno correspondía a la fuerza más votada, el PP, así era asumido públicamente; 3º El PSOE declaró que no entraría a hablar o acordar con el resto de las fuerzas políticas hasta que una vez pasado el turno del PP -que consistía en no conseguir la investidura (ver 1º)- le tocara el turno a su candidato.

Es decir, según estos principios, Felipe VI tenía que a) ir designando para formar gobierno según el resultado de las elecciones: 1º, 2º, …(La Tienda) y b) sin considerar el principio de “la posibilidad de formar gobierno o ganar la investidura” (El Parlamento); creo que de acuerdo con el principio parlamentario de nuestro estado tendría que tener más valor la b) que la a). Según la b) es como se entienden las consultas a las fuerzas políticas, mostrando estas su voluntad de apoyar o no a un determinado candidato; es decir, se tenía que haber buscado a un candidato que tuviera la posibilidad cierta de ganar la investidura y configurar un gobierno. Bajo el principio de conseguir ganar la investidura, Mariano Rajoy declinó la invitación de Felipe VI, toda vez que no tenía los apoyos suficientes para formar gobierno. En mi opinión, el Rey una vez escuchado a las fuerzas políticas y a Rajoy de que no tenía los apoyos suficientes, no debería haberle insinuado que le iba a proponer como candidato, dando así valor al sistema parlamentario.

En esas primeras entrevistas con el Rey, donde se despiden diciendo “nos volveremos a ver pronto”, todos daban como echo cierto que el PP no conseguiría los apoyos necesarios; pues bien, en esas primeras entrevistas, Podemos le transmite al Rey que ellos están dispuestos a formar gobierno con el PSOE; Pablo Iglesias, en la rueda de prensa posterior a su charla con el Rey, explica su conversación y transmite su propuesta a los medios, que sirve a su vez para transmitírsela al PSOE (Tenemos que recordar que el PSOE decidió no negociar con nadie hasta que Pedro Sánchez no fuera designado candidato de acuerdo con los turnos, la Tienda, y no con la posibilidad de formar gobierno, el Parlamento). En la rueda de prensa de Pedro Sánchez, este no le dio mayor importancia al asunto de la propuesta de Podemos (mi visión personal), mientras que desde algunas partes del PSOE se interpretó como una humillación al PSOE y cosas peores. Lo cierto, es que con el empeño del PSOE de que el Rey propusiera como candidato a Rajoy, según el turno, y así diera comienzo el “reloj de la democracia”, se buscaba humillar al PP, puesto que había quedado claro, que ni siquiera en la segunda vuelta se iba abstener otra fuerza política que diera la mayoría simple al PP más Ciudadanos. Sencillamente Rajoy no quería pasar por esa humillación, y le entiendo. Personalmente, no me expondría a una situación donde fuera a recibir una cantidad incontable de golpes, dialécticos y políticos, sin obtener nada a cambio.

Creo que la nota de la Casa Real debería haber sido más del tipo: “Una vez consultadas a todas las fuerzas políticas, ninguna nos ha transmitido su capacidad para obtener una mayoría parlamentaria con la que se pueda formar gobierno o ganar la investidura, por lo que iniciaremos una segunda ronda de consultas cuando algún candidato vea factible ganar la investidura”, y el Rey no hubiera puesto al descubierto la humillación que supone ser rechazado (Cuando alguien nos rechaza, todos y todas sentimos un cierto desasosiego y humillación, Felipe VI no va a ser diferente) y, lo que es más importante, el sistema parlamentario hubiera salido reforzado frente al sistema de “por turnos”. Para excusarles (Al Rey y a Rajoy) diré que, quizás la inexperiencia, el enfrentarse a unos resultados electorales sin mayorías evidentes o un mal asesoramiento derivado de las “costumbres” dio por traste esta situación. Y Rajoy, aun no queriéndolo, salió igualmente humillado al darse a conocer su rechazo a la propuesta del Rey (Joder, que es el Rey quien te propone), es decir, lo que quería evitar se produjo pero peor. Se le llamó irresponsable, desleal, se le acusó de parar el “reloj de la democracia” y tantas otras cosas.

Entonces se inicia la segunda ronda de contactos, que sin aprender de los resultados de la primera (o quizás sí), se iba a proponer al 2º por turnos según los resultados del 20D. Al parecer nadie había entrado en conversaciones para llegar a acuerdos que permitieran una mayoría suficiente para conseguir la investidura, a excepción de Podemos que le había hecho una oferta al PSOE y que el PSOE no entró a valorar; bueno sí la entro a valorar, pero me voy a evitar los comentarios tanto del PSOE como de Ciudadanos, alguna prensa, los míos y los de algunos otros, ya que no añaden nada a esta disquisición.

Supongo que el Rey estaría informado por sus asesores (leerán la prensa, hablarán por teléfono, conversarán entre ellos, se transmitirán la información, la analizarán) de los diferentes planteamientos que tenían las fuerzas políticas; creo que se podía deducir, y a la vista están los resultados, que un acuerdo entre PSOE y Podemos era el más viable, ya que alguna fuerza nacionalista estaba dispuesto a apoyarles, el PNV por ejemplo (ya lo había declarado) y otras a abstenerse; también parecía evidente que un acuerdo del PSOE con Ciudadanos no iba a recibir el apoyo de las demás fuerzas políticas derivado de: El PP no iba a apoyar, ni por activa ni por pasiva, nunca a un candidato del PSOE (y para deducir esto no hace falta ser muy experto); que Ciudadanos como formación está absolutamente enfrentada a las fuerzas nacionalistas o independentistas; y, que Podemos y Ciudadanos se vetaban mutuamente (algo lógico dado el carácter del discurso político de cada una de ellas y sus propias manifestaciones).

El PSOE seguía empeñado en no entablar conversación alguna hasta que Pedro Sánchez no fuera designado. Sabíamos dos cosas: no apoyaría nunca a un gobierno del PP y no buscaría el apoyo de las fuerzas nacionalistas-independentistas (Así se determinó en el Comité Federal).

¿Cómo convenció, entonces, Pedro Sánchez al Rey de que era capaz de configurar una mayoría suficiente para resolver la investidura? O no lo hizo. Empecemos por esto último.

Su designación lo fue porque le tocaba, fue 2º (La Tienda) -sin considerar la posibilidad o no de obtener una mayoría para ganar la investidura (El Parlamento)- y además ponía en marcha el famoso “reloj de la democracia”. Esta forma de actuar es cuanto menos cuestionable, es posible que tanto el Rey como Pedro Sánchez hayan reflexionado poco, exactamente igual que todos los demás (o mucho, según las razones que se den, que me gustaría conocer, las de verdad) y por eso estamos donde estamos. El Rey ha sufrido una segunda humillación, su segundo candidato, que esta vez sí admite presentarse, no llega a resolver el problema (El segundo entrenador de la temporada te baja al equipo a segunda división, para entendernos).

Otra cosa sería que Pedro Sánchez intentara convencer o convenciera a Felipe VI de que era capaz de conseguir la investidura; a lo que, Felipe VI tendría que haber preguntado ¿Cómo es posible si no te has sentado a negociar con nadie? ¿Cómo lo sabes tan certeramente? ¿Lo vas a hacer con Podemos o con Ciudadanos? Para terminar indicando a Pedro Sánchez, algo evidente y que sabía el propio Pedro y que el Rey debería conocer o, al menos, estar debidamente asesorado al respecto: Yo creo que Podemos y Ciudadanos son incompatibles, se vetan así mismos, o al menos es lo que tengo entendido.

El “reloj de la democracia”, tal y como se nos quiere hacer entender, se pondría en marcha con la primera sesión de investidura. Ese reloj, al parecer para algunos, señala el tiempo que transcurre entre la sesión de investidura hasta convocar unas nuevas elecciones, en caso de que ninguna fuerza política consiga formar gobierno o ganar una investidura, dos meses. Por consiguiente, quien aceptó ponerlo en marcha, puso en marcha un plazo inalterable, sabiendo además que de no conseguir la investidura en dicho plazo, habría nuevamente elecciones y el gobierno seguiría en funciones. Y todo esto sin haber empezado a dialogar con el resto de las fuerzas políticas. Sinceramente me parece correr mucho riesgo y muy deprisa.

En mi opinión, el “reloj de la democracia” se puso en marcha el 6 de diciembre de 1978 (Referéndum de la Constitución) y se intentó parar el 23 de febrero de 1981 (El intento de golpe de Tejero). El reloj de la democracia siempre está en marcha. La teoría de los turnos (La Tienda), primero el 1º, segundo el 2º es totalmente cuestionable con un sistema de acuerdos (El Parlamento). El comenzar un intento de investidura sin haber previamente establecido negociaciones con el resto de las fuerzas políticas ha llevado o llevará a que tengamos unas elecciones el 26J (Y no cualquier otra fecha). En la Constitución no se plantea como resolver el dilema de que: no habiendo candidato de gobierno por no conseguir los apoyos suficientes y sin necesidad de pasar por una investidura fallida (humillante) se convoquen unas nuevas elecciones.

Para llegar a donde estamos, lo mejor hubiera sido no proponer a nadie que no garantizara ganar la investidura. Seguiríamos con un gobierno en funciones, pero seguiría abierto el plazo de negociaciones, ¿Hasta cuándo? Eso es lo que no determina la Constitución.

Negociar bajo presiones que no tienen que ver con la propia negociación, como son los plazos o el tiempo, nunca es bueno. Para llegar a entregar unos buenos deberes a tiempo, todo estudiante sabe que no puede dejarlos para el último día, aunque dedique la última noche a rematarlos. Siempre hay que considerar un plazo para hacer las cosas, pero aquí no tenía por qué haber existido esa premura, o tanta premura.

Ahora nos llevamos las manos a la cabeza por la convocatoria de elecciones y todos quieren utilizar esa excusa para forzar y acusar a los demás, incluso para hacer, aparentes, nuevas propuestas de última hora.

Sigo sin conocer la solución sobre qué hubiera pasado si transcurrido un tiempo, nadie hubiera podido conseguir los apoyos necesarios y nadie hubiera sido propuesto por el Rey, pero ese asunto es más técnico y para eso tenemos un montón de gente sabia, o a lo mejor sobre este asunto hubiera sido más fácil llegar a un acuerdo y a lo mejor se hubieran tenido igualmente que repetir la elecciones, pero por el momento eso no lo podemos saber. A lo mejor en esta segunda vuelta si el proceso se hace bajo el prisma parlamentario y no el de los turnos, conseguimos otro resultado aunque los resultados de las elecciones sean los mismos.

Ya todos y todas conocéis el resultado de la designación del Rey a Pedro Sánchez para conseguir la investidura (Segunda humillación del Rey, primera de Pedro Sánchez). No voy a volver a contar la historia, salvo indicar que todos los argumentos “políticos” utilizados por todas y cada una de las fuerzas políticas han sido desarrollados en laboratorios de respuestas, con probetas de líquidos inconfesables, con la única razón de “excusar mis actuaciones y acusar al contrario”, es decir, mantras y pamplinas a repetir hasta la saciedad. Ninguno se ha mirado hacia dentro, o a lo mejor sí, y no le ha gustado lo que ha visto.

Por cierto, no he hablado de las propuestas políticas concretas de cada formación. He determinado las incompatibilidades entre formaciones, derivadas de sus propias declaraciones, y el carácter nacional o nacionalista de las mismas, para poder entender las posibilidades primigenias de establecer acuerdos.

En conclusión, el Rey no debería proponer a nadie que no garantice ganar la Investidura y formar Gobierno, para eso se hacen las consultas a las formaciones políticas y las formaciones políticas tienen que hablar entre ellas (o negociar) antes de despachar con el Rey; eso no es deslealtad, ni comprometer las formas democráticas, es trabajar por y para los ciudadanos desde el minuto uno de conocer los resultados electorales; aquí no valen los turnos, no valen las componendas. Los deberes hay que tenerlos terminados antes del nombramiento. A ver si para las próximas elecciones lo hemos aprendido, todos y todas.

Parafraseando la canción de José Feliciano, tenemos clavadas dos cruces en el monte del destino: La primera, la torpeza de un Jefe de Estado, en nuestro caso el Rey Felipe VI, que propone un candidato a la Presidencia de Gobierno sin tener garantizado que ganará su investidura en el Parlamento; la segunda, la soberbia del candidato (estoy seguro que los del laboratorio de respuestas lo llamarán responsabilidad, pero una vez más no estaré de acuerdo con ellos), en nuestro caso Pedro Sánchez, que acepta su nombramiento sin ni tan siquiera haber empezado una ronda de negociaciones (O al menos es lo que nos han contado). Torpeza y soberbia dos ingredientes que suelen dar malos resultados.

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¿Dónde queda la responsabilidad política después de las elecciones?

En España, hace tiempo, que se transformado en costumbre que tras unas elecciones generales todos salgan ganando. No encuentro en ningún medio de comunicación ni en los posicionamientos en redes a nadie que solicite las responsabilidades políticas correspondientes a los resultados electorales. Todos que si los pactos por aquí, que si los pactos por allá. Lo cierto es que los resultados del PP, del PSOE y de IU sobrepasan lo desastroso, pero no va con ellos.

En el PP piensan que han ganado. Pierden 63 diputados, pero han ganado.

En el PSOE piensan que han aguantado. Pierden 20 diputados pero aguantan.

En IU piensan que novecientos mil votos les respaldan. Pierden 9 diputados pero tienen respaldo.

Me refiero a estas tres fuerzas políticas, porque estas tres fuerzas políticas han perdido mucho en estas elecciones. A las tres fuerzas políticas se les puede aplicar el concepto de las victorias pírricas: “Sí, otra victoria así y estamos perdidos”, tal y como le dijo el rey Pirro a un personaje que le felicitaba tras sus dos victorias a los romanos.

Yo suelo emplear el chiste de los dos borrachos. Le dice un borracho a otro mientras señalaba a una farola: Insiste, insiste que hay luz arriba.

En cualquier país con una democracia saludable, y con políticos responsables, estos resultados electorales, necesaria y obligatoriamente, deberían hacer reflexionar a sus líderes, a sus jefes de campaña, a sus cúpulas de dirección y a sus militantes.

Un partido, el PP, que pierde 63 diputados y el 33,38% de sus votantes (3,62 Millones), de una tacada, la confianza de la mayoría de españoles y que tenía como objetivo seguir gobernando deberían plantearse las responsabilidades políticas de tamaño descalabro.

Un partido, el PSOE, que pierde 20 diputados y el 20,69% de sus votantes (1,44 Millones), que obtiene los peores resultados de su historia democrática contemporánea, perdiendo así mismo de forma mayoritaria la confianza de los españoles y que pretendía ser la fuerza del cambio, necesaria y obligatoriamente deberían plantearse las responsabilidades políticas de tamaño descalabro.

Un partido, IU, que pierde 9 diputados y el 45,08% de sus votantes (0,92 Millones), de quienes se desconoce cuál era su jugada y sus intenciones, necesaria y obligatoriamente deberían plantearse las responsabilidades políticas de tamaño descalabro.

Los tres partidos, sus palmeros y sus responsables correspondientes buscan diferentes excusas, cada una más anodina e inconsistente que la otra para justificar tales descalabros. Que si la crisis y las políticas impopulares, que si la pinza, que si la ley d´hont, pachín, pachán  …

Los resultados son los que son. Los descalabros son los que son. Si queremos que este país empiece a parecer algo distinto a lo que viene siendo, es imprescindible:

  • Una ligera reflexión, de los líderes, dirigentes y militantes sobre el significado real de los resultados y el mensaje que les han trasladado los ciudadanos; digo ligera porque es sencillo, los resultados están ahí.
  • Se proceda a exigir las responsabilidades políticas correspondientes de tamaños descalabros.
  • Estas responsabilidades pasan, inexcusablemente por la dimisión de sus correspondientes cabezas de lista y sus cúpulas directivas.
  • Como consecuencia, los nuevos líderes y cúpulas directivas deberían comenzar a pensar en otras políticas o en otras formas de hacer política.
  • Después si queréis hablamos de pactos

Las viejas y caducas políticas no sirven. Los españoles han mandado un mensaje: Queremos cambiar y queremos que cambiéis. Queremos otro estado de las cosas. De seguir manteniendo sus posicionamientos se les podría aplicar otro buen refrán español: Cuando un tonto coge una linde, la linde se acaba y el tonto sigue.

La conclusión final vuelve a ser fácil: Rajoy dimisión. Pedro dimisión. Alberto dimisión. Quizás algunos más: dirigentes de campaña, cúpulas directivas y demás palmeros. Pero como todos sabemos, en España no dimite ni dios.

Este es mi análisis de los resultados electorales de ayer. Podría ser más profundo, pero al buen entendedor pocas palabras.

DESREGULAR LOS MERCADOS, UN DOGMA ECONÓMICO AL QUE HACER FRENTE.

Parece un momento adecuado para escribir sobre cómo empezó todo. Entiendo que unos no quieran recordarlo (ellos lo provocaron), pero no entiendo que los otros se hayan olvidado (su silencio les acusa).

Los unos son los de ahora. En Europa los que están desde principios del siglo y en España desde hace dos años y medio. Gobiernos conservadores y neocons en los postulados sociales y neoliberales-desreguladores en políticas económicas.

Los otros son los de antes. Los que gobernaron Europa a finales del siglo pasado y en España hasta hace dos años y medio. Gobiernos socialdemócratas, de centro-izquierda, progresistas-liberales en los postulados sociales y neoliberales-desreguladores en políticas económicas.

Eso en Europa. En los EEUU, casi desde siempre, son, según quienes, neocons o progresistas-liberales en políticas sociales, y, en cualquier caso, neoliberales-desreguladores en política económicas.

En definitiva, todos los gobiernos y partidos políticos con ideologías de derecha, centro derecha o centro izquierda (no consideradas fundamentalistas por ellos mismos) han compartido, con intención o sin ella (que es peor), los postulados económicos neoliberales-desreguladores derivados de la Escuela de Chicago, un renacido (al que, en su momento, se opusieron las teorías keynesianas y el New Deal que sirvió para salir de la crisis de 1929) Laissez Faire  que más o menos viene a significar: dejad libertad plena a los mercados que ellos solos se encargarán de arreglar absolutamente todo, lo que no se explica es como y a costa de quien, es un acto de fe, es una ideología derivada de un dogma económico.

El resultado de esas políticas económicas neoliberales-desreguladoras es la crisis actual. Que no es la primera crisis producida y con consecuencias semejantes, ya hubo muchas anteriormente, no voy a decir exactamente iguales, pero casi.

Una sola palabra compuesta: des-regular.

Norberto Bobbio escribía en su Diccionario de Política, respecto al Estado de Bienestar: “El estado ya no se limita a desempeñar las funciones de guardián de la propiedad privada y de tutor del orden público, sino que, por el contrario, se hace intérprete de valores -la justicia distributiva, la seguridad, el pleno empleo, etc.- que el mercado es hasta incapaz de registrar. Los trabajadores ya no son abandonados a sí mismos frente a las impersonales leyes de la economía y el estado siente el deber ético-político de crear una envoltura institucional en el cual ellos estén adecuadamente protegidos de las perturbaciones que caracterizan la existencia histórica de la economía capitalista.

Y entonces, a finales de los setenta, llegaron Wojtyla, Thatcher y Reagan, cayó el muro de Berlín y volvió a imponerse el Laissez Faire (Dejar hacer a los mercados, Milton Friedman y los Chicago´s boys).

Como respuesta, al final del siglo XX, Tony Blair optó por La Tercera Vía buscando un equilibrio entre la socialdemocracia (un socialismo no ¿fundamentalista?) y el liberalismo: “Porque los mercados dinámicos están al servicio de la sociedad, y no al contrario, nuestro enfoque es: competencia hasta donde sea posible, regulación hasta donde sea necesario”.

El problema es que:

–          “están al servicio de la sociedad” se transformó en “la calle es mía” (Manuel Fraga, cofundador del PP), provocado con intención o por despreocupación.

–          “hasta donde sea posible” se transformó en “hasta el infinito y más allá” (Toy Story), provocado por un desgobierno de la economía global

–          “hasta donde sea necesario” se transformó en “nunca te pongas de parte de nadie que vaya contra la familia” (El Padrino), provocado por un crecimiento desmedido y des-regulado.

En definitiva los mercados se hicieron con la sociedad a través de una competencia reductora sin límites (competitividad de la mala) y el milagro de los panes y los peces.

Con esos mimbres podría ser previsible (no para algunos economistas) que sucediera lo del año 2008 a Lehman Brothers (uno de tantos similares): “Lehman Brothers había resistido una guerra civil, la crisis bancaria del 1907, muy parecida a la actual, también sobrevivió a la crisis económica en Estados Unidos conocida como el Crack de 1929, a escándalos en el trading de bonos, a colapsos en Hedge Funds, pero no ha superado la crisis subprime de 2008, que constituye —con un pasivo de $613.000 millones— la mayor quiebra de la historia hasta el momento.” (Wikipedia).

Ese es el origen. Esa es la herencia recibida. Las mismas políticas que nos han traído a esta situación no pueden solucionarlo. El “dejar hacer a los mercados” es un dogma de fé, yo no soy creyente. Ya no comulgo con acuerdos (socialdemócratas-liberales) porque serían acuerdos de mínimos forzados para favorecer a los de siempre. Solo entiendo una solución: hacerles frente y volver a regularlos. Si lo entienden, bien, y si no …